
LA VIDA A TRAVES DE LA VENTANA
Hacía dos años que su vida había cambiado drásticamente, no se acostumbraba a esos cambios que le limitaban el movimiento y que le hacian sufrir un miedo espásmodico a salir a la calle, cada vez sacaba mas excusas para permanecer en aquella mecedora, al abrigo de las cortinas. Vivia en una calle estrecha, humeda y fría, era imposible no percartarse del movimiento de los vecinos, pero a penas se habia interesado por las actividades de los demas, hasta que hacía aproximadamente dos meses había llegado un nuevo vecino.
Era un chico joven, segun sus calculos y era una muy buena fisionomista podria tener su misma edad o un año más, nunca corria las cortinas de su casa y Angela pasaba muchas horas tras los amplios ventanales mirando su cuerpo, escudriñando sus andares y cada uno de sus movimientos. Muchas veces mientras miraba al que poco a poco se iba convirtiendo en el fruto de sus deseos, se sorprendia deseando abrazarlo, y recorrer su piel palmo a palmo hasta perderse en las mieles de su pasion...
Se reprendía energicamente cuando le asaltaban esos pensamientos, que la acaloraban y le encendian unos deseos que ella creia muertos para siempre. Se habia considerado una chica guapa, esbelta y muy deseada por el genero masculino, pero tras el accidente, cojeaba un poco, le era imposible usar zapatos de tacon, ni enfundarse en los estrechos vaqueros de pitillo que solia usar, porque la piel reaccionaba ante cualquier roce, y una cicatriz a su modo de ver afeaba su otrora lindo rostro... por ese motivo se habia condenado a ella misma a vivir la vida tras aquel ventanal, a disfrutar de la vida de los demas cual fisgón.
Sentada en la mecedora soñaba con aquel muchacho del que conocia todas sus pecas, se dio cuenta de que el tampoco era perfecto, tenia una cicatriz en el labio, pero lejos de afearle le daba ese toque de hombre fatal que a ella tanto le gustaba. Mientras disfrutaba de sus visiones fue descuidando el que la pudieran ver a ella. Su vecino ese moreno de ojos verdes que le robaba el sueño, tambien vigilaba sus movimientos... la encontraba tremendamente atractiva a pesar de la cojera que adivinaba cuando la veia pasearse por la habitacion.
Deseaba en silencio que llegara la noche cuando ella abria las luces sin tener en cuenta que la cortina no la protegia de las miradas ajenas, le gustaba el ritual con el que ella se desnudaba, solía acostarse encima de la cama desnuda mientras se acariciaba la piel y la hidrataba. El imaginaba que eran sus manos las que recorrian la nivea piel, soñaba con besar cada centimetro de su piel, con perderse en la inmensidad de su oceano, con desmarañar esa melena que le caia lacia sobre los hombros.
Cada dia se repetia el mismo ritual en la vida de ambos, ella lo observaba durante la mayor parte del día, el se había dado cuenta y se exhibía, el se escondia para verla durante la noche temía que si ella descubria su presencia bajara la persiana para protegerse. Angela seguía ajena a sus miradas pero soñaba con que algun dia al coincidir en la calle su vecino se fijara en ella... Ambos seguían con una pasion que crecia y se alimentaba al unisino separados por la magica frialdad del cristal.